El monje y el escorpión
Había una vez, hace mucho más tiempo que hace tiempo, un monje sentado a las orillas del Ganges con uno de sus discípulos, contemplando las aguas del río. De repente, vieron un enorme escorpión que pataleaba desesperado tratando de no resbalarse. A los pocos segundos, el escorpión cayó al agua y ya se iba alejando cuando, sin pensarlo ni siquiera dos veces ni una vez, el monje metió la mano en el río y lo rescató. Apenas lo dejó de nuevo en tierra, el escorpión, sin pensarlo ni dos veces ni siquiera una vez, lo mordió con todas sus fuerzas en la mano.
Pasó un rato, mientras el monje hablaba de una cosa y otra cosa con su discípulo, y de pronto vieron que el escorpión volvía a caer al agua del sagrado río Ganges. El monje, sin dudarlo una vez ni siquiera dos veces, volvió a rescatar al escorpión, que volvió a morderle la mano con todas sus fuerzas.
Después de mucho rato y mucho tiempo, el escorpión salvado dos veces de las aguas, volvió a caer en la corriente del Ganges, el monje lo sacó nuevamente y el animal volvió a morderlo como había hecho antes.
Al ver eso, el discípulo, sin poder contenerse, le preguntó a su maestro: “Maestro, ¿por qué sigue rescatando al escorpión? ¿No se da cuenta que va a volver a morderlo?”
“Ya sé que me va a morder”, le respondió el monje riéndose. “El destino del escorpión es morderme. Y mi destino es salvarlo”.
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